Los Cafés Literarios

Los cafés literarios fueron el epicentro de la vida intelectual y artística en ciudades como París, Viena o Madrid durante el XIX y XX. Se convirtieron en el hogar de tertulias donde pensadores, escritores y artistas debatían libremente sobre política, ciencia y cultura. Su importancia radica en que actuaron como catalizadores para la democratización del debate, sirvieron de cuna para las grandes vanguardias artísticas, fomentaron el apoyo mutuo entre creadores y funcionaron como un refugio crucial para el pensamiento crítico y la resistencia social.
El Café del Olvido, anteriormente llamado "Bella Lola" nació con ese espíritu: Llevar la cultura, el debate y la vida intelectual a una ciudad de provincias. Además de ser el motor del pensamiento, se convirtió en un punto de encuentro donde se leían los periódicos y se analizaban las noticias del día.
Vamos a viajar por aquellos que inspiran la creación de El Café del Olvido y los que juegan un papel importante en la novela
La Closerie des Lilas
Desde la década de 1860, el café La Closerie des Lilas se convirtió en un legendario punto de encuentro para artistas e intelectuales. En sus inicios fue frecuentado por los futuros impresionistas Bazille, Renoir, Monet, Sisley y Pissarro, además de figuras como Zola, Cézanne, Gautier, Baudelaire y los hermanos Goncourt.
A principios del siglo XX, el lugar acogió a Verlaine, Apollinaire, Picasso, Gris o los Delaunay.
Fueron muy célebres las partidas de ajedrez entre Lenin y el dramaturgo Pol Fort , durante el exilio del primero en París.
Hoy sigue funcionando como referente de las letras en París.








Fundado en 1888 en el Paseo de Recoletos, el desaparecido Gran Café Gijón se convirtió en el epicentro indiscutible de la intelectualidad española del siglo XX.
En una época marcada por profundas crisis y censura, este emblemático establecimiento funcionó como un refugio de libertad donde confluyeron la Generación del 98, las vanguardias y las voces de la posguerra.
Por sus mesas pasaron gigantes como Valle-Inclán, García Lorca, Cela (quien inspiró allí La colmena), Buero Vallejo o Mario Vargas Llosa.
Más que una simple cafetería, el Gijón fue una universidad paralela e informal donde se compartieron manuscritos, se afilaron ideas y se gestó gran parte de la historia literaria del país.
El Gran Café Gijón
Els 4 Gats
Inspirado en el famoso Chat Noir de París, Els 4 Gats se convirtió en el templo del modernismo catalán.
En sus mesas, que combinaban cervecería, cabaret y sala de exposiciones, confluyeron figuras imprescindibles como Santiago Rusiñol, Ramon Casas, Miquel Utrillo, Isaac Albéniz y un jovencísimo Pablo Picasso, quien realizó allí su primera exposición individual y diseñó la emblemática portada de su carta.
Más que un café, Els 4 Gats fue el epicentro bohemio donde la vanguardia artística barcelonesa desafió los cánones tradicionales del cambio de siglo.


El Café del Pombo
Las greguerías, creadas por el escritor vanguardista español Ramón Gómez de la Serna a principios del siglo XX, son breves composiciones poéticas e ingeniosas que se definen popularmente con su célebre fórmula:
Humor + Metáfora = Greguería
Su importancia radica en que revolucionaron la literatura al romper con la lógica tradicional. Consisten en una asociación libre, sorpresiva y humorística entre dos realidades u objetos cotidianos para revelar una verdad secreta o una imagen poética totalmente original (por ejemplo: "El trueno es un tren que pasa por los rieles del cielo").
Con este género único, Gómez de la Serna anticipó las vanguardias y cambió la forma de mirar el mundo a través del ingenio y la sorpresa.
El Café Pombo en el número 4 de la calle Carretas, muy cerca de la Puerta del Sol, donde coincidieron José Ortega y Gasset y Ramón Gómez de la Serna, cuya tertulia inmortalizó el pintor José Gutiérrez Solana en su cuadro.