
Los escenarios de El Café del Olvido no son simples telones de fondo, sino "motores de la trama" que reflejan las vivencias de sus personajes a lo largo de 102 años de historia.
La trama viaja con fluidez entre Sitges, Cuba y Madrid, para desembocar en el Sitges moderno, diverso y actual.
En ese viaje recorremos escenarios únicos: El Sitges decimonónico que se transforma gracias a la modernidad que aporta el ferrocarril y el convertirse en un lugar privilegiado de esa nueva moda llamada veranear y que contrasta con la ciudad actual.
Los escenarios de Cuba no solo son los de Villa Ernestina en Santiago o el Ingenio Santa Elena en Manzanillo. Tambien vivimos el impacto de la guerra y su efecto.
Terminamos el recorrido de los escenarios por Casa Sonia, en la Calle Columela 2 de Madrid, otro escenario real en el que se desarrolla una parte de transición fundamental para entender el futuro de sus personajes.
Vamos a viajar por aquellos que inspiran la creación de El Café del Olvido y los que juegan un papel importante en la novela
Los ingenios
El ingenio Santa Elena, fue fundado en el Oriente cubano por Julián Pons Jubany, aprovechando la inestabilidad de la Guerra de los Diez Años para la compra de algunas plantaciones confiscadas a los rebeldes independentistas.
La base de este imperio fue la explotación implacable de personas esclavizadas, muchas de ellas traficadas ilegalmente desde África, a pesar de la persecución de la Royal Navy británica.
Como otros grandes ingenios, su infraestructura incluía la Casa Grande, el molino, almacenes, viviendas y tecnología impulsada por vapor para mecanizar la producción de azúcar.
Las ilustraciones, corresponden a el Valle de los Ingenios, y fotografías de un ingenio y de la zafra de finales del XIX.




Casa Sonia
Sonia Delaunay (1885 - 1979)
Junto a su marido Robert desarrolló un estilo que se acercó de forma pionera al arte abstracto, lleno de luz, color y dinamismo gracias a los contrastes, y que la historia del arte llamó Orfismo o Simultaneísmo.
Ella, además, consiguió algo que pocos lograron: llevar el arte a la vida, hacer una auténtica síntesis de las artes sin despreciar ningún formato: la pintura, el diseño de interiores, el diseño industrial y la moda.
Huyendo de los desastres de la Primera Guerra Mundial, el matrimonio se instaló en España y acabó abriendo su estudio, Casa Sonia, en 1917, en el edificio de la calle Columela número 2 de Madrid.
Fue aquí donde Sonia desarrolló su imaginario simultaneísta, diseñando ropa para la aristocracia madrileña más excéntrica, e incluso llegando a decorar el llamado Petit Casino (ya desaparecido).








Diseñó, además el vestuario del ballet Cleopatra para los Ballets rusos de Sergei Diaghilev, tal y como podemos observar en la imagen, con los elementos del vestido simultáneo que ja había diseñado en París para asistir al Bal Boulier de los jueves.
De vuelta en París, abrió su mítico Atelier Simultáneo en 1924, pero el germen de esa vanguardia se fraguó muy cerquita de la Puerta de Alcalá, tras las paredes anónimas de Columela, 2









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El pavo real que representa el misticismo que contiene El Café del Olvido pasea por un jardín indiano evocando el secreto que mantiene guardado Villa Esperanza
La Sitges actual destaca por ser un dinámico y cosmopolita referente turístico y cultural del Mediterráneo, famoso por su vibrante ambiente, su legado modernista y eventos internacionales como su emblemático Festival de Cine Fantástico.
Ha sido el escenario perfecto para introducir esta novela de intriga y misterio.
El Sitges de 2019: Es el punto de partida en el presente, donde Sonia, la protagonista descubre Villa Esperanza, una casa indiana abandonada que se encuentra ilustrada por el magnifico edificio de Casa Vilella que durante muchos años estuvo abandonado y que, durante el tiempo se ha transformado en un fabuloso hotel.
El Sitges de 1917: Nos traslada a la época dorada y de esplendor de las edificaciones indianas, permitiendo conectar la opulencia de aquellos que regresaron enriquecidos de América con las sombras y los secretos que dejaron ocultos en los cimientos de sus mansiones.
Aqui, en la foto panorámica de la ciudad, a los pies del Baluarte se reconoce el edificio donde estaría ubicado el café Bella Lola, más adelante conocido como el café del Olvido.
Sitges 1917 y 2019




Tras la capitulación de la guarnición española, la plaza fue ocupada militarmente por las tropas estadounidenses el 16 de julio de 1898, un control que se oficializó en toda la isla el 1 de enero de 1899.
Santiago de Cuba es la segunda ciudad más importante del país por su historia, economía y población. Fundada en 1515 por el conquistador Diego Velázquez de Cuéllar como una de las siete primeras villas de Cuba, fue históricamente capital de la provincia de Oriente y del país durante los primeros años del periodo colonial.
Además, mantuvo estrechos lazos migratorios con Catalunya, siendo el destino de muchos sitgetanos (junto con Aguadilla, en Puerto Rico).
Entre junio y julio de 1898, la ciudad se convirtió en el escenario principal del conflicto hispano-estadounidense.
La decisiva batalla naval de Santiago de Cuba marcó el fin de la soberanía española en América y dio paso a la expansión imperialista de Estados Unidos en Iberoamérica.
Santiago de Cuba
La Guerra de Cuba 1864 - 1898
La Guerra de Cuba o Guerra hispano-estadounidense marcó el punto final del imperio colonial español en ultramar y el nacimiento de una nueva era geopolítica.
Para España, la pérdida de las últimas colonias supuso un gran trauma moral, político y existencial que llevó a una generación de intelectuales —Generación del 98— a replantearse la identidad, el atraso y el futuro del país.
El conflicto fue, además, una tragedia humanitaria devastadora que dejó heridas profundas en la población civil y en los soldados enviados a combatir.
El capitan general Weyler, para cortar el apoyo popular a los mambises implementó la política de reconcentración. Miles de campesinos cubanos fueron hacinados en pueblos fortificados sin condiciones higiénicas ni alimentos lo que provocó una catastrófica hambruna y epidemias que masacraron a una gran parte de la población civil rural.
Por otro lado, los jóvenes soldados metropolitanos que cruzaron el Atlántico no murieron por las balas enemigas, sino por las enfermedades tropicales. Asolados por la fiebre amarilla, el cólera, la malaria y la disentería, los hospitales de campaña colapsaron ante la falta de suministros, convirtiendo los cuarteles y frentes en auténticos cementerios biológicos. Tras la derrota militar, miles de soldados rasos sufrieron el abandono institucional por la incapacidad de repatriar-los hasta la península y quedaron vagando heridos, enfermos y arruinados en la isla.
Sin embargo, más allá de la perspectiva metropolitana, la contienda representó la culminación de décadas de sufrimiento para el pueblo cubano, que vio cómo su legítima lucha de décadas por la independencia frente al dominio español terminó siendo tutelada e intervenida por el expansionismo los Estados Unidos.

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